domingo, 14 de diciembre de 2014

El rincón del escritor: María Jeunet nos presenta La foto de Nora


Ficha del libro
¿Qué harías si tu corazón elige a la peor persona que puedas imaginar?

Nora Olsen tiene la vida por delante, estudia en la Universidad de Nueva York, es una chica alegre, inquieta y curiosa. Nora tiene un amigo, Patrick, y cuando este decide encontrar a su familia biológica y saber qué pasó en realidad no duda ni un segundo en ayudarle. Todo cambiará para Nora cuando encuentran al hermano mayor de su amigo, un tipo oscuro, metido en problemas y rodeado de delincuentes, que sin embargo le enciende el corazón.

A pesar de los inconvenientes Nora inicia con él una extraña relación. Años después su unión tendrá consecuencias que ni ellos mismos imaginan y que tienen que ver con obras de arte, el FBI, un revolver, una foto...

Y es que en el juego de la vida es el destino quien encaja las piezas a su antojo, porque al final hay cosas que no se pueden evitar. ¿O tal vez sí?






Los personajes nos hablan de la novela:

Mi nombre es Nora Olsen. Este es mi primer año en la universidad aunque la verdad es que todavía no tengo muy claro a qué voy a dedicarme. Ahora mismo una de las cosas que más me preocupa es ayudar a mi amigo Patrick: hace un tiempo se enteró que era adoptado y está buscando a su familia biológica. Llevamos unas semanas investigando y acabo de encontrar algo importante en un archivo en el que me he colado sin permiso. Es una fotografía de su hermano mayor. No puedo dejar de mirarla. Esos ojos azul oscuro me hipnotizan, es como mirar al océano. Podría estar horas y horas perdida en esa mirada. Algo me dice que no tengo más remedio que conocer a ese chico. Se llama DJ, es unos años mayor que yo y creo que está metido en líos. Pero no me importa daré con él y le conoceré. Siento que debe ser así. Debemos cruzar nuestros caminos.
En cuanto a mí, no lo sé, puede que termine estudiando informática o tal vez psicología, no lo sé. 

***


¿Una presentación? Mierda... No tengo tiempo para estas cosas, ¿vale? Ni siquiera sé porqué he dicho que sí... En fin, allá voy: soy el Teniente Newman de la Policía de Nueva York, tengo treinta y un años. Estoy a cargo de una investigación criminal en la que ha desaparecido un joven abogado y han muerto varias personas. Podéis leerlo en la prensa. Mi jefe me ha amargado el día diciéndome que tengo que colaborar con una psicóloga del FBI recién salida de la fábrica. Las cosas ya son suficientemente complicadas en mi vida como para tener que trabajar codo con codo con una sabelotodo. 
¿Qué? ¿En serio me estás preguntando si tengo novia? Está bien. Pero después de esta pregunta me voy, no tengo más que decir. 
No. No tengo novia. Hace años perdí al amor de mi vida. Desde entonces solo vivo para mi trabajo. ¿Contenta? Pues ya está, me marcho. 

Una escena que abra el apetito:



[...] Después de once días en los que había soñado con su cara y preguntado mil veces en mi cabeza cómo sería su voz, si gastaría bromas o si le gustarían las tartas de mi padre, conducía por fin desde Nueva York hasta Boston con el objetivo de hablar con él. En esa época mi antojo musical me llevó hasta U2, y cada hora que pasaba conduciendo sus canciones se metían en mi cabeza con la misma fuerza que un río desemboca en el mar.
Mi gran duda era cómo establecer el primer contacto. La idea de qué haría una cría como yo en un sitio como ese, me frenaba una y otra vez. Nunca pensaba si sería peligroso, si me toparía con mala gente o si tendría problemas. Solo pensaba en que había que buscar un sentido, una excusa creíble que explicara por qué estaba allí.
Era martes. Las tres de la tarde. Y como todavía no había comido, antes de llegar al bar donde encontraría a DJ, paré a comprar una hamburguesa en mi sitio favorito de Boston: Mama’s BBQ, un viejo restaurante destartalado de carretera que estaba en un trayecto del camino un poco angosto pero con encanto.
Mientras terminaba mi hamburguesa cargada con triple de queso y salsa barbacoa, llegué al aparcamiento que había frente al bar. Dejé el coche parado y salí a refrescarme.
Sabía que esa hora era inofensiva. Hasta las 17:00 no empezaba el jaleo, así que estiré las piernas, me coloqué mi vaquero azul y cuando iba a pegar un sorbo a mi Coca Cola, alguien me tocó bruscamente el brazo, dándome un susto tan grande que me eché toda la bebida por encima. Manché de Coca Cola mi polo rosa y mis Converse a juego nuevas. Llena de rabia me giré dispuesta a empujar y gritar a quien me había asustado.
—Pero ¿qué haces…? —Mi voz enmudeció, no podía seguir hablando. DJ estaba frente a mí, enfadado y por un momento sin habla también.
—No, niña, la pregunta es ¿qué haces tú?
Su voz era profunda y calmada, pero fuerte y segura.
Me enamoré otra vez de él. Era más alto de lo que imaginaba, y mucho más guapo. Parecía mayor de los veinticinco años que tenía. Y eso me gustaba más todavía. Llevaba puesta la misma ropa que el primer día que le vimos. Después de mirarle y sacarle cien mil fotos mentales en menos de un segundo, respondí a su pregunta.
—¿A ti qué te importa?
—¿Qué…? —No esperaba para nada mi respuesta.
—Pues eso. ¿Es que también eres sordo? —No dejaba de mirarme a los ojos, con tanta intensidad que podía notar cómo se metía dentro de mi cabeza, y cómo descubría cuánto le quería.
—Mira, niña, deja de decir tonterías, esto no es seguro, lárgate de aquí.
—¿Acaso no es un país libre? Puedo aparcar mi coche donde quiera. He parado a estirar las piernas, idiota.
—Me parece bien, niña, pero ahora debes irte. Hazme caso —y cuando dijo esto lo hizo con tanta seguridad mientras me miraba con sus enormes ojos azules, que solo acerté a meterme dentro del coche y a meter la llave en el contacto—. No vuelvas por aquí, ¿entendido?
—Volveré cuando quiera.
—Si eres lista, no lo harás.
—Ya veremos…
Arranqué el coche y con las piernas temblando como si fueran de gelatina acerté a incorporarme a la calzada y salí de aquel distrito.




Desde LecturAdictiva damos las gracias a María Jeunet por la presentación.


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