domingo, 11 de enero de 2015

El rincón del escritor: Elena Garquin nos presenta Tuareg

Ficha del libro
De nuevo dar las gracias a estas estupendísimas chicas y a todos los lectores, presentando mi segunda novela.
Una novela con historia. La novela original data de 1992, ¡nada más y nada menos!, y la escribí como un regalo de cumpleaños para mi hermana. Ni qué decir tiene que la mujer comenzó a dar saltos mortales cuando le dije que nuestro TUAREG vería la luz de una publicación veintidós años después, debidamente reformado, eso sí.


El Sáhara, 1890.

Cuando Beatriz Ayala vuelve en sí, después de estar a punto de morir en el desierto, tiene una sola idea en la cabeza: regresar a su hogar en España, del que fue brutalmente arrancada para ser vendida como esclava.

Nada ni nadie va a impedírselo. Ni siquiera Tahir Abdul –Azim, el poderoso líder tuareg que la ha salvado de las garras de la muerte, tan atractivo e imponente que despierta en ella un fulgurante deseo imposible de dominar.

Pero él no parece opinar lo mismo. Tahir vive para su pueblo, y está dispuesto a cualquier sacrificio por él. Sobre todo si ese sacrificio incluye hacerse cargo de una hermosa y testaruda mujer por la se siente irremediablemente atraído. Consciente de que pertenecen a mundos totalmente opuestos, pero dispuesto a vencer su carácter obstinado para convertirse en el amo de toda su pasión, la acepta como huésped. Iniciarán así una aventura, en un paraje asolado por las luchas internas de poder y los efectos devastadores de la colonización, donde Beatriz será capaz de sortear toda clase de peligros, excepto uno: resistirse al oscuro embrujo del hombre que la protegerá con su vida, irrumpiendo con fuerza en su corazón.



Los personajes nos hablan de la novela:

Pues aquí estoy yo. Sí, soy Tahir Abdul- Azim, jefe tuareg. Poderoso como el que más. Con un pasado que remueve conciencias y recuerdos, y un presente lleno de problemas políticos y económicos. Nada ni nadie es más importante para mí que mi pueblo. Soy su jefe, su guía. Mi sentido
de la responsabilidad da para eso y para mucho más. Pero me encuentro con ella. Beatriz. Cuando le salvo la vida después de haber sido maltratada por mi peor enemigo, ni siquiera imagino el cambio que esa pequeña mujer (en el sentido literal de la palabra) va a traer a mi vida. Desde luego, su aspecto no dice lo que en realidad puede llegar a ser. Con esos ojos grises aparentemente inocentes, esa carita de ángel, su poca estatura y sus curvas voluptuosas y generosas, parece la bondad personificada…
Hasta que abre la boca y me enseña las uñas. ¡Por Alá, qué mujer! Irascible, caprichosa, rebelde… Y valerosa, desde luego.
Mi pequeña guerrera me conquistó con su arrojo. Solo una mujer de ese calibre conseguiría sobrevivir al cúmulo de adversidades que la habían llevado hasta mí, sin enloquecer en el camino.
Nunca olvidaré nuestro primer encuentro. Mi estatura la intimidaba. Mi aspecto fiero, seguro que la aterraba. Acababa de escapar a una muerte más que segura, y nadie sabía cómo. Pero ella levantó el mentón, me miró a la cara y me soltó unas cuantas “perlas” de las suyas que llamaron mi atención y despertaron toda mi pasión. Desde entonces, no he podido dejar de sentirme atraído hacia ella. Como un imán. Su fuerza interior y su belleza la hacen irresistible para mí. Aunque seamos diametralmente opuestos. Aunque nuestras culturas sean dispares y nuestras costumbres irreconciliables, ella será para mí. Así de sencillo.

***

¿Qué os ha contado este bruto insensible acerca de mí? Seguro que ha exagerado. Se le da muy bien. También es experto en contradecirme en todo lo que resulta de sentido común, aunque todo lo demás es…
¡Uy, se me olvidó presentarme! Me llamo Beatriz Ayala, y soy española de pura cepa. Zamorana,
para más señas. Mi vida transcurre plácida con mi abuelo, mi hermana mayor y mi pequeño sobrino. Estoy a punto de contraer nupcias con Adrián, un hombre encantador y que bebe los vientos por mí.
Pero el destino, en forma de fría envidia, me tiene reservadas otras cosas: conocer la esclavitud de primera mano, el salvajismo de mi amo y señor, el sufrimiento de una huida agónica… Y Tahir.
En un primer momento, solo me inspiraba una desconfianza feroz y un odio mortal. Me sobraban los motivos, claro está. Pero ese grandullón con aspecto de salvaje y mirada cautivadora, escondía una ternura del tamaño de una gigantesca duna.
Y cuando comenzó a demostrármela, comenzaron también las dudas. Su comprensión parecía no tener límites. Su sentido del deber era inquebrantable, y yo, su debilidad más absoluta.
Pero no podía ceder a la tentación. Tenía que volver a España con los míos. Con Adrián. Porque yo amaba a Adrián.
Al menos, antes de que Tahir desplegara todo su encanto ante mí. Antes de que pusiera en práctica todo un plan de acoso y derribo, seguro de que conseguiría su objetivo.
Antes de que hiciera temblar mi corazón como si fuera una débil hoja mecida por un viento huracanado.
Y ahora, ya no sé qué hacer. Aunque tendré que tomar una decisión tarde o temprano…

Una escena que abra el apetito:

—No puedes hablar de mí con tanta seguridad. Todo el mundo tiene sus propios secretos, y tú aún no conoces los míos.
—No me hace falta. —Los dedos masculinos guiaron su barbilla hasta que sus miradas se enfrentaron—. Sé que eres generosa, de gran corazón y extremadamente sensible, aunque esa faceta no te impide actuar con firmeza cuando la ocasión lo requiere. —Con sumo cuidado, como si temiera asustarla, se acercó a su boca—. Sé también que eres valerosa, que te creces ante las adversidades. Que tu naturaleza no es vengativa. Además, en cuanto la desconfianza que aún tienes hacia mí te lo permita, me obsequiarás con tu alegría y espontaneidad. Al menos, eso espero. —Sus labios dibujaron una sonrisa muy singular—. Pero, sobre todo, sé que me deseas.
—Estás haciendo conjeturas.
—De lo contrario, no hubieras venido a mí de un modo tan delicioso —insistió. Su mirada se volvió espesa cuando pareció adentrarse en su alma—. Tu cuerpo y tu mente claman por mí, suplican para que les colme de atenciones. Y eso pretendo hacer. Voy a acariciarte hasta que tu piel se deshaga entre mis dedos. Voy a besarte hasta que tu mente no sea capaz de razonar. Voy a darte todo el placer que me estás pidiendo, hasta que ambos terminemos profundamente satisfechos. Esta vez, no podrás escapar de mí.
Se rindió a las palabras antes de hacerlo a sus labios. Esperó un brusco asalto a su boca, pero en aquella ocasión fue diferente. Los labios de Tahir se apropiaron de los suyos en un beso delicado, tierno, sin profundizar en su interior. Los succionó con delicadeza y alternativamente, primero el superior, luego el inferior. Los acarició con la punta de la lengua y se movió sobre ellos, provocando que el deseo germinara en ella con la fuerza incontenible de una tempestad.
La mano que había acariciado su espalda subió el vestido hasta medio muslo y dibujó figuras imaginarias sobre la piel erizada de entre sus piernas. Los dedos traviesos merodeaban por el centro de su ser sin atreverse a penetrar en él todavía.
Todo seguía un ritmo lento, una suave cadencia de irremediable final.
Hasta que ella atrapó su cuello con las manos. Dejó que estas vagaran por los mechones de su cabello negro y apretó la boca contra la de él. La abrió, invitándolo a entrar, pero en el instante en que lo hizo, despertó del letargo.
La fuerza de su deseo era tan difícil de dominar como la inmensidad del mar. Sin embargo, Beatriz lo logró. Se apartó con brusquedad y salió de la cama, clavando sus ojos acusadores en él como si fuera el único culpable de su conducta.
—Esto no puede seguir así —farfulló entre jadeos—. No volveré a compartir la jaima contigo. A partir de ahora, dormiré con Gulnar.
En aquel preciso momento, Tahir perdió la paciencia. Se puso en pie de un salto y apretó los puños con furia. Beatriz pudo ver su estado de excitación en la tela estirada de los calzones.
—En verdad no se pueden predecir los avatares femeninos —masculló con voz oscura—. Pero es la última vez que me atraes con una mano y me rechazas con la otra.
—Estoy de acuerdo.
Giró sobre sus talones dispuesta a irse, pero la atronadora voz de Tahir la detuvo en seco.
—¡¡Beatriz!! —Ella se volvió muy lentamente—. ¡Mi esposa permanecerá conmigo, le guste o no! Si te atreves a marcharte, ¡juro que iré tras de ti y te traeré a rastras si es necesario!
No tuvo duda alguna de que lo haría. Estaba presa. No tenía escapatoria.
Sintió cómo el calor le cubría las mejillas, haciendo que explotara de indignación cuando le señaló con un dedo furibundo.
—¡Te odio! —gritó.
Él chasqueó la lengua y se cruzó de brazos con toda su tranquilidad recuperada.
—Eso no parece muy sensato.
—¡Odio que seas tan atento y sensible! ¡Detesto que seas tan atractivo y sensual! —prosiguió, ignorando su ironía—. ¡Hubiera preferido que te comportaras como un monstruo! ¡No soporto que no pueda renegar de tu compañía, que incluso llegue a añorarte cuando no estás! En dos palabras: ¡te aborrezco!
A continuación, se precipitó a sus brazos y buscó el seguro refugio de su boca con toda el ansia de que fue capaz.


Desde LecturAdictiva damos las gracias a Elena Garquin por la presentación.


3 comentarios:

  1. Gracias a vosotras, que sois lo más!! Besos!!

    ResponderEliminar
  2. Que buena pinta, tengo que leerlo sí o sí.

    ResponderEliminar
  3. Una presentación estupenda, muchas gracias.

    ResponderEliminar