domingo, 4 de enero de 2015

El rincón del escritor: Noe Casado nos presenta Quiero lo mismo que tú

Ficha del libro
La sinopsis de QUIERO LO MISMO QUE TÚ, nos habla desde el punto de vista femenino. Helen, la cuasi protagonista (y digo cuasi porque cuando conozcáis a Patrick comprobaréis que nadie osa hacerle sombra) en una treintañera que hasta el momento ha llevado su vida más o menos organizada pero que tras recibir un duro golpe sentimental quiere deprimirse como está mandado. Su ex jefe, Thomas (protagonista de TREINTA NOCHES CON OLIVIA) la echa sin contemplaciones  ¿el motivo? Pues toca leerla la novela para saberlo. Así que la pobre Helen acaba trabajando en una productora de televisión, gracias a su amigo y vecino Ryan (a éste también hay que echarle de comer aparte) donde hay mucho ego suelto pero donde está segura que nunca tendrá un lío con el jefe.

QUIERO LO MISMO QUE TÚ, no es una novela al uso. El planteamiento es muy diferente de lo que habitualmente es una novela romántica-erótica. No hay un solo “te quiero” en la novela, y ha sido todo un reto evitar esas dos palabras. El romanticismo, a priori, brilla por su ausencia. Hay que saber leer entre líneas para captar el tipo de relación que se establece y por supuesto mantener una actitud muy abierta pues existen escenas surrealistas que si sólo se leen de manera literal, además de absurdas pueden resultar ofensivas.

En los momentos más críticos, cuando la situación se torna seria y por tanto el comportamiento de los personajes ante determinados hechos debe ser la adecuada, ninguno va a actuar como se espera. El cinismo, la mala leche y hasta incluso el humor hacen acto de presencia, desbaratando cualquier intento medianamente formal de resolver la situación.

El sexo, presente en muchas escenas no es, ni de lejos, una experiencia religiosa, ni suenan violines ni tampoco insta a declaraciones de amor eterno. No busquéis en QUIERO LO MISMO QUE TÚ escenas tiernas, palabras de amor o algo que se le parezca. El planteamiento de Helen y de Patrick es el de dos personas adultas. Aceptan la situación, no juegan a la inseguridad. No hay celos absurdos. Asumen la temporalidad de todo y no se llevan mal rato por ello.

Puede que ambos necesiten un psicólogo y de los buenos, pero no pierden el tiempo (no mucho) dándole vueltas una y otra vez a lo que ocurre y a cómo ocurre. Cada uno, desde su particular modo de ver las cosas, sabe a qué atenerse.




Los personajes nos hablan de la novela:

Helen. Secretaria. Eficaz, trabajadora, ordenada.  
Nos da un sabio consejo: Es mejor no conocer a tu ídolo porque se te rompen todos los esquemas. 

Nunca pensé que un tipo como Patrick Baker fuera tan insufrible. Es un demonio y se jacta de ello. Hace la vida imposible a quien le rodea. Caprichoso, vanidoso. Amoral.Sabe que es guapo a rabiar y se aprovecha de ello. Se hace el tonto cuando le conviene pero tiene una habilidad innata para dar la vuelta a la tortilla y salirse con la suya. Por obligación, que no por gusto, tengo que compartir espacio y el señorito, tras nuestro desafortunado incidente, sé que va a por mí, me tiene enfilada desde que por error le eché el café caliente encima. No me lo perdonará jamás y como todo niño malcriado, se las apañará para  volverme loca,

***

Patrick. Sólo hay (afortunadamente)  uno como él.
A quien inventó el trabajo deberían echarle del planeta. Ésa es una de sus máximas.
Por necesidad, que no por gusto, tengo que buscarme la vida. Ewan, mi mejor amigo y Owen, mi hermano, me dan día sí y día también la tabarra con ese asunto. Y cuando por fin acepto un trabajo que parece decente y en el que no tendré que esforzarme demasiado, resulta que  he de lidiar con una rubia siliconada estúpida y lo que es peor, con la Fea. ¿Es que sólo yo tengo ojos en la cara para verla? ¡Por favor! Si me produce dolor de cabeza con sólo mirarla. Y encima torpe, no me extraña con esas gafas de pasta, ve menos que un topo.
Me aburro con facilidad, en especial (y no sé por qué) cuando todos se esmeran por no llevarme la contraria. ¿Es que nadie se da cuenta de que les estoy tocando la moral?

***

Ryan. El mejor (o peor) vecino que una chica depre puede tener.
El carpe diem en su máxima expresión.
Disfruto de la vida, no me dejo influir por tontos sentimentalismos ni emociones que sólo pueden generarme complicaciones. Voy y vengo. Entro y salgo. No me ato a nadie.
Me preocupan mis amistades y por ello estoy inquieto ya que mi vecina ha decidido ser doña adefesio. Joder, si hasta me da grima verla así. Y no estoy dispuesto a consentirlo, haré lo que sea para que vuelva a ser una persona normal.

***

Ewan. El responsable. El amigo fiel y sensato.
Creo que ya no somos veinteañeros inconscientes pero hay quien se empeña en no madurar y por desgracia tengo cerca al mejor ejemplo. Le he salvado el culo y volvería a hacerlo mil veces más aunque en más de una ocasión yo mismo le arrojaría por un precipicio. Pero a pesar de que me pone en el disparador con sus ocurrencias, salidas de tono y demás estoy empeñado en lograr que se comporte como alguien decente para variar.

***

Owen. El hernano.
No concede entrevistas.

Una escena que abra el apetito:

Patrick hizo un gesto despectivo con la mano, dando a entender que le importaba una mierda lo que esa rubia sin dos dedos de frente pidiera; harto tenía con acercarse a ella durante algunas escenas.
―Tíratela, a ver si con un buen revolcón se le quita esa cara de lechuguina que tiene ―sugirió completamente en serio, así de paso su amigo también echaba un polvo, porque últimamente estaba de un pesadito...
―¡Joder, tíratela tú! ―exclamó Ewan ofendido ante la sugerencia―. Al fin y al cabo para eso eres el famoso que no hace ascos a nada.
Patrick se rio, comprendía perfectamente el apuro de su colega y sus razones para evitar a la petarda-star en la medida de lo posible.
―En peores plazas has lidiado ―le animó Patrick en tono de guasa―. Mira que si es la mujer de tu vida y estás dejando pasar la oportunidad...
―A otro perro con ese hueso. Sabes tan bien como yo que es imposible sudar a gusto con una mujer así.

***

―A ver si me ha quedado claro, entre las catorce treinta y las catorce cuarenta y cinco puedo ir a mear ¿no? Lo preguntó para aguantar hasta ese momento y no joderte el plan ―apuntó sin haber escuchado atentamente como pudiera parecer, la había dejado parlotear, ya que se cansaría―. Y todo a costa de que en un futuro tenga problemas de próstata.
Ella pasó por alto su sarcasmo y continuó su diatriba, él, por supuesto, la ignoró, sentándose tranquilamente en el sofá, a la espera de que finalizara ese tostón. Para amenizar dicha espera, sacó su petaca y fue dando sorbos mientras ideaba la forma de deshacerse de ese incalificable vestido de cuadros escoceses.
Se estaba calentando, y no por la bebida precisamente, verla allí, de pie, en su terreno, cumpliendo el primero de sus caprichos, daba qué pensar.
¿De verdad Helen pretendía que trabajasen juntos sin más?
―¿Alguna pregunta? ―inquirió ella, estilográfica en mano, dispuesta a anotar cualquier detalle, sacándole de sus inquietantes pensamientos, de los que si ella fuera partícipe se enfadaría sin dudarlo.
―Sí ―respondió mirándola por encima de sus gafas importándole poco menos que una mierda el planing del día―, ese conjuntito ¿lo tienes más corto? 
―¿Por qué? ―preguntó arriesgándose a darle pie para que pudiera soltar alguna impertinencia.
―Porque, si lo que pretendes es sorprenderme, un disfraz de adolescente revoltosa, no te preocupes, levántate un poco la falda y ya se me ocurrirá algo.

***


Espero que QUIERO LO MISMO QUE TÚ sea una novela que os arranque unas cuantas sonrisas. Que os despiertes sentimientos increíbles y que sobre todo os haga disfrutar.

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Noe Casado por la presentación.



2 comentarios:

  1. El libro gamberro donde los haya. Lectura genial. Soy fan, fidelidad de personajes de principio a fin.
    Me encantó

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  2. Muchas gracias por esta magnífica presentación.

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