domingo, 10 de mayo de 2015

El rincón del escritor: Teresa Cameselle nos presenta Quimera

Ficha del libro
Madrid, 1894. Jorge Novoa, diplomático herido en las revueltas de Melilla, finge divertirse en la capital durante su forzada convalecencia. En realidad, cada noche sigue los pasos de un peligroso grupo de anarquistas que planea atentar contra la regente doña María Cristina y su hijo, Alfonso XIII. Su labor de espionaje es dirigida por el marqués de Brandariz, un hombre poderoso dentro de la corte, que no se fía ni de su propia sombra. Jorge sabe que a su vez es vigilado por otro espía del marqués, una presencia constante que lo acompaña en sus largas noches de vigilia. Cuando le pide cuentas por ello a Brandariz, este solo le da el nombre en clave del desconocido informador: Quimera.
Mariana Montalbán vive con su anciana tía, que es toda la familia que le queda, y enfrenta muchas dificultades dadas sus escasas rentas. Su vida es una sucesión de pérdidas: su padre, su madre, su amor de juventud y su tío. Desesperada, acude al marqués de Brandariz, que había sido amigo y paciente de su padre, quien le ofrece una labor singular con la que ganarse un salario.

Lo que nadie podía prever era la intensa atracción que sentirán Jorge y Mariana desde el momento de conocerse. Entre mil peligros, terroristas despiadados e intrigas cortesanas, vivirán una pasión arrolladora que se convertirá en algo más que una quimera.




Los personajes nos hablan de la novela:

Jorge Novoa, oficialmente ostenta un cargo diplomático en el Reino de España, extraoficialmente, es un espía de la red del marqués de Brandariz, y su misión actual, impedir un atentado anarquista contra la regente doña María Cristina y su hijo, el pequeño Alfonso XIII. Jorge es hijo de un empresario coruñés, estudió derecho, y durante algún tiempo, tras su graduación, se convirtió en la oveja negra de los Novoa, aburrido e insatisfecho con su vida. En los últimos años ha viajado mucho, ha llevado a cabo distintas misiones diplomáticas y como espía, arriesgando su vida hasta el punto de ser gravemente herido en Melilla, y ha dejado un amor en cada puerto.


De todas las misiones que me ha encargado el marqués de Brandariz, tener que fingir un cortejo serio a una jovencita de su elección, para evitar las habladurías sobre mí en la corte, me parecía la más molesta. Hasta que descubrí los ojos azules de Mariana Montalbán. Sin ningún esfuerzo ni intención por su parte, Mariana me ha puesto a sus pies, y solo sueño con el fin de mi misión, detener a los anarquistas, acabar con los peligros que se ciernen sobre la familia real, para dedicarle todo mi tiempo y mis pensamientos. 

***
Mariana Montalbán. Hija de un médico de San Sebastián, huérfana sin herencia, vive con su anciana tía en Madrid, administrando sus escasísimas rentas, hasta que la desesperación la lleva a suplicar la ayuda del marqués de Brandariz, quien la integrará en su red de espías, probando su inteligencia y su valor. 

Mi vida se cuenta en pérdidas, primero mi padre seguido de mi madre, luego mi primer amor, y mi tío, y ahora una lucha diaria por mantener una vida digna junto a mi pobre tía ya demasiado mayor y achacosa. Seguir noche tras noche los pasos de Jorge Novoa por las calles de Madrid, ver cómo se acerca a hombres que le matarían sin pestañear, y cómo logra la valiosa información que después comparte con el marqués de Brandariz, me hizo admirarle antes de conocerle. Y ahora que me ha descubierto y está dispuesto a conquistarme, solo espero el momento propicio para rendirme sin condiciones.


Una escena que abra el apetito:



“Un lazo del escote del vestido se había desatado. Jorge extendió una mano para señalarlo, y sus dedos acariciaron por un momento la frontera entre  la tela de satén y la tersa piel que contenía. Mariana respiró hondo, haciendo que sus pechos se elevaran más y más, ofreciéndose a sus caricias. Una puerta se abrió a su espalda y de nuevo doña Petra la reclamó, impaciente. Mariana inició la retirada, pero antes, en un rapto de audacia, Jorge enredó su dedo índice en el lazo rebelde y tiró de él.
—Mi prenda —susurró, y Mariana no supo si se refería al lazo o a ella misma.
—Toda suya —contestó, con la misma ambigüedad.

Jorge no supo ni qué decía para despedirse, algo sobre patinar, sobre una nota para avisarla, sobre que se verían al día siguiente. Y al momento estaba en la calle, solo, con el cuerpo entero dolorido por el deseo reprimido y la frustración. Entre seducir a Mariana y dejarse morir con aquel dolor, decidió que la opción obvia era la primera. Ella, desde luego, no parecía dispuesta a resistirse más que él. Y quizá sólo estaba haciendo el tonto al contenerse de aquel modo. “

 Desde LecturAdictiva damos las gracias a Teresa Cameselle por la presentación.

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