domingo, 11 de octubre de 2015

El rincón del escritor: Andrea Golden Tocando el cielo de Manhattan

Ficha del libro

Ángela, una agresiva mujer de negocios cuya vida ha estado marcada por la soledad. Necesita romper con la vida enrarecida que ella misma ha construido a su alrededor, llena de amantes y fracasos sentimentales. Pero, los giros repentinos del destino, que se producen sin buscarlos, hacen que aparezca en el momento más relevante un hombre que la llenará de sensaciones inesperadas.
Peter, un brillante arquitecto Español que se enfrenta al proyecto más ambicioso de su carrera profesional, jamás pensó en el cambio de vida que le supondría conocer a Ángela; su jefa. Tras un fugaz encuentro, ella desaparece repentinamente. Hasta que, una noche, recibe una enigmática llamada con una proposición arriesgada, y se lanzará a realizar un viaje que le enfrentará a uno de los mayores retos de su vida, en el país más recóndito y pobre al que jamás imaginó viajar impulsado por el amor a una mujer inalcanzable y que le está volviendo loco.



Los personajes nos hablan de la novela:

Ángela Thomson
Mi vida no ha sido fácil. Aunque me rodee el lujo: bonitas casas, limusinas, una posición privilegiada etc. Me hice cargo del imperio económico de mis padres al morir estos en un terrible accidente. Mi hermano adoptivo Abul (el soporte de mi vida) se alejó de mí y se marchó en busca de sus orígenes. Y mi vida sentimental está llena de fracasos y derrotas. Hasta tal punto de pensar que todos los hombres son iguales: “Malas hiervas que hay que arrancar de tu camino”.

Cuando me enfrento a un drástico cambio de vida, inesperadamente… aparece él. Un hombre que me llenará de sensaciones inesperadas… Y que me seguirá en una aventura extraordinaria.

***

Peter Sanz

Mi vida es una balsa de aceite desde que llegué a Nueva York. Inmerso en el mejor proyecto laboral en el que he trabajado nunca, me enfrento a mi primera reunión. E inexplicablemente, tras conocer a mi jefa (Ángela), todo se vuelve un caos. Un mal entendido, un desastroso encuentro sexual, y, de repente… desaparece sin más. Dejándome con la sensación de haber sido utilizado y desechado.

Hasta que…, una noche recibo una enigmática llamada.

Jamás pensé que esos breves días con Ángela me iban a suponer tomar un rumbo inimaginable. Enfrentándome a aventuras insólitas en un nuevo continente áspero y a la vez hermoso, y el que me he marco un único objetivo: “Enamorarla”.

Este viaje marcará un antes y un después en mi vida…

Una escena que abra el apetito:


Las nubes se interponen entre la luna y nosotros, provocando que nos envuelva una total oscuridad, acrecentada al apagarse el fuego y quedar el resplandor tenue que emiten las ascuas esparcidas como pequeñas estrellas que tocan la tierra. Tras el apagón, insisto en acompañar a Peter a su cabaña, ya que todas en la penumbra parecen iguales. 

Paseamos lentamente, hablamos de su viaje, de la obra, de sus primeras impresiones sobre este continente. Todo muy relajado y liviano.

Al llegar, nos detenemos a las puertas de su cabaña y, sin más, le lanzo un comedido beso de despedida hacia su mejilla. Aunque, rápido y, con un movimiento veloz de cabeza, intenta interceptarlo con su boca a la que evito hábilmente echando mi cara hacia tras. «Primer intento fallido…» —pienso regodeándome de ello. Sin intentarlo de nuevo, gira brusco y me da la espalda desapareciendo violentamente entre las cortinas. Doy media vuelta con la intención de alejarme de su cabaña y emprender el camino hacia la mía, cuando… una mano que aparece entre las conchas prendidas de los hilos que cubren su entrada, me agarra y me arrastra hacia el interior. Atravieso los moluscos que se golpean entre sí emitiendo una fina melodía, y paro contra su pecho. Por unos instantes mágicos vuelvo a sentirme capturada entre sus brazos, sintiendo ese abrazo intenso con el que me recibe. 
Su boca baja lentamente hacia mi oído y, con una voz tremendamente sensual, musita unas palabras. 
—Estoy lleno de polvo…, mi piel se oscureció por el sol, las manos a penas las puedo mover y se me han agrietado del esfuerzo… 
Noto como suelta uno de sus brazos, que alarga y estira en busca de la palangana, mientras que con el otro me retiene pegada a él. A continuación escucho el goteo de la esponja sobre el agua al ser estrujada y, con un movimiento suave, la deposita sobre la palma de mi mano, donde termina escurriéndola, haciendo que el agua se derrame y se precipite lánguida entre mis dedos. 
—Haz conmigo lo que quieras —termina diciendo, a la vez que me libera de la retención aflojando su otro brazo, y empieza a desvestirse muy despacio. 
Desafiante, fija sus penetrantes ojos en los míos. 
Quedo vacilante. Decidiendo exactamente qué hacer. Aunque según va apareciendo su esplendoroso cuerpo: la desnudez de sus anchos hombros, sus fornidos brazos, sus vertiginosos abdominales… me van convenciendo cada vez más en quedarme a su lado y aceptar el reto. 
Totalmente desinhibida le contesto. 
—Prepárate…, te voy a dejar, reluciente… —murmuro totalmente anulada por el deseo y dirigiéndole una mirada perdida que recorre su hermoso cuerpo. 

Suavemente precipito mis manos hacia su turbante, que es el último bastión que queda para contemplar la desnudez total de su cuerpo. Y, vuelta a vuelta, lo desenrollo, descubriendo completamente su cabeza. Él permanece expectante a mis movimientos, quieto, dejándose conquistar por mis manos. Con mis dedos aún mojados, me adentro por la espesura de su pelo liberándolo del polvo que lo mantenía entumecido. Me acerco al lavamanos y mojo la esponja con la intención de cargarla nuevamente de agua. Una vez rebosante del líquido elemento, la acerco a su pecho y la comprimo contra él, provocando cascadas que se precipitan por encima de su ondulado y perfilado abdomen. Continúo descendiendo…, estrujando y absorbiendo todas las partes de su cuerpo con las que me voy encontrando… 
A la vez que intensifico el recorrido, escucho sus leves gemidos de placer. Sus rodillas, sus gemelos, hasta limpio uno a uno todos los dedos de sus pies; a sabiendas del erótico placer que conlleva un buen masaje en ellos. Siento una explosión de excitación que, como en oleadas de calor me abochorna, e intentando aliviarme dirijo pausadamente las manos hacia mis hombros, agarrando y deslizando las finas tiras de mi vestido hacia abajo, quedando totalmente expuestos… «¡No!», escucho esa negación repentina que retumba en el interior de mi mente recordando de improviso las palabras del doctor Richard que hielan por completo mi cuerpo: “Evite mantener relaciones hasta dentro de un mes…”, las percibo intermitentes, como ecos en el interior de mi cabeza. Subo violentamente mi vestido, cubriendo los hombros que mantenía ya desnudos, y aflojo la presión de mi mano sobre la esponja que cae al suelo. Prácticamente me tiro hacia la salida, huyendo de su cabaña espantada y corriendo a la máxima velocidad que generan mis piernas, alejándome conscientemente de la tentación que me provoca este hombre. 

En el silencio de la noche, que se intensifica aún más por la falta de ruido, escucho pisadas detrás de mi espalda mientras sigo corriendo hacia el refugio de mi cabaña. Sin frenar mis pasos, giro la cabeza y… me paraliza ver a un Peter confundido y persiguiéndome totalmente desnudo. La situación de la que me considero totalmente culpable, me hace parar en seco. 
—¡Peter por Dios, vuelve a la cabaña! —le grito histérica al verlo en medio del campamento así. 
—¡Ángela! ¿Te pasa algo? —pregunta aturdido por mi comportamiento, posiblemente pensando que huía por alguna otra razón, sin percatarse que era de él del que realmente quería escapar. 
Como me temía, el jaleo de nuestras voces hace que algunos de los hombres, alarmados por el alboroto, asomen sus cabezas entre las finas y musicales cortinas que vuelven a emitir su característico sonido instrumental. Mi bochorno aumenta cuando la cabeza de mi hermano aparece entre muchas otras más. 
Avergonzada y veloz, me marcho dejando tras de mí a un silencioso Peter que queda petrificado como una estatua contemplando cómo huyo a propósito de su lado.


Otras escenas:

La autora ha querido compartir algunas escenas más con nosotros.


Sexual:
… deslizando mi brazo a lo largo de su mesa y tirando todo el material, que cae bruscamente contra el suelo. Tras conseguir el hueco y de un salto, me siento sobre él y, provocadora, abro mis piernas lentamente deslizando hacia mis pies el obstáculo de mi tanga, que zarandeo con uno de ellos y hago desaparecer. Convirtiéndome en un señuelo para él.

Amor:
El placer que me envuelve, la pasión que me inyecta en cada movimiento de su empuje, sus tiernos dedos rozando mi cara y bordeando mis labios…, todas estas sensaciones hacen que aflore el sentimiento más escondido que tenía…

Muy romántico:
Prácticamente pegada a su cara observo como respira y al soltar el aire… lo respiro profundamente llenándome de una sensación de saciedad total, con la que me siento tan bien… que creo no necesitar nada más para ser feliz.



Desde LecturAdictiva damos las gracias a  Andrea Golden por la presentación.

6 comentarios:

  1. Parece interesante, y una buena opción para pasar unas horas entretenidas leyendo... no conozco a la autora, pero suena interesante..

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  2. Este lo tengo comprado, a ver si me pongo pronto con él.

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