domingo, 15 de noviembre de 2015

El rincón del escritor: Regina Matarí nos presenta Los bolsillos de mi chaqueta

Ficha del libro
¿Puede un pequeño trozo de papel cambiar tu vida? 
Hace ya mucho tiempo que Sofía se rindió. Su vida es sólo una sucesión de noches en soledad, de inútiles visitas al psicólogo y de aburridas jornadas de trabajo evitando a Manos Largas (su "cariñoso" jefe). Además, últimamente sus mejores amigos parecen ir por libre. Y para colmo, no encuentra la forma de cerrar el agujero que alguien dejó en su corazón. 
Así que no es de extrañar que el hecho de encontrar un misterioso sobre azul en el bolsillo de su chaqueta favorita le parezca por completo irrelevante... aunque sólo al principio. Porque, ¿quién puede ser ese admirador secreto que la reta a encontrarlo? ¿Y si se trata de ese muchacho tan raro que se sienta junto a ella en el autobús? ¿O de Raúl, un chico encantador pero con cierta tendencia a las causas perdidas? 
Llevada por su curiosidad y guiada por su voz interior (que aparte de personalidad propia demuestra tener muy malas pulgas), nuestra protagonista emprenderá una búsqueda que la llevará hacia una nueva vida... y tal vez hacia un nuevo amor. 
Prepara tus dotes de detective y acompaña a Sofía en un divertido y emotivo viaje que te llegará al corazón...  




Los personajes nos hablan de la novela:

¡Uy, qué corte esto de presentarme!… Ejem… ¡Hola! Me llamo Sofía y tengo 30 años. Vivo en Cádiz, mi ciudad natal, y trabajo en una agencia de viajes donde mi principal cometido es evitar los largos tentáculos de mi jefe (alias Manos Largas). Me definiría como una chica normal tirando a desastre. Mi preocupación por mi aspecto se limita al aseo diario y no pasar frío o calor. Es que… bueno, estoy pasando por una mala racha. Vale que dura ya tres años, pero cuando la vida te roba a la persona que más quieres tienes derecho a darle la espalda al mundo, ¿no?
No todo es malo. Eva, mi compi de la agencia, es un encanto que acude al rescate en cuanto me meto en un lío (y creedme, soy capaz de hacerlo varias veces al día). Y tengo a Pedro y a Clara, mis mejores amigos. Siempre hemos sido los Tres Mosqueteros, aunque últimamente tengo la impresión de estar de más. Y es que hay miradas y gestos que hablan a gritos…
Como veis, mi vida es bastante aburrida. O lo era, hasta esta misma mañana. ¿Qué qué ha pasado? Pues que me he encontrado un sobre azul en el bolsillo de mi chaqueta. No os lo vais a creer… ¡Resulta que tengo un admirador secreto! A ver, tampoco es que esto me vaya a cambiar la vida, pero debo confesaros un pequeño defecto: soy curiosa hasta la médula. Y para colmo, fan de Sherlock Holmes desde que era pequeña. Y a Dios pongo por testigo (porque también soy fan de la O’Hara) que no voy a parar hasta que encuentre al autor de este mensaje. Por supuesto, para comunicarle que le agradezco el detalle, pero que el amor ya no tiene sitio en mi vida. O eso creo.


***

¡Hola! Somos Pedro y Clara, los mejores amigos de Sofía desde que estábamos en el colegio. Siempre hemos sido inseparables y nos hemos apoyado en todo. Por supuesto, desde el día en que la vida de nuestra amiga se fue al traste hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano para sacarla del agujero en que se encuentra… ¡pero es que la muy cabezota no quiere salir! Para colmo, hay algo que tenemos que contarle. El problema es que no sabemos cómo, ni nos ponemos de acuerdo sobre el cuándo… Por segunda vez en nuestras vidas, esta amistad pende de un hilo…


***

Buenos días, tardes o noches. Me llamo Eva, y trabajo en Gades Tours con Sofía, lo cual, creedme, es toda una aventura, gracias a su superdesarrollada capacidad para meterse en líos. Es una chica adorable, pero la verdad… a veces echo de menos a la antigua Sofía, la que era capaz de iluminar nuestra triste oficina con sólo una mirada y una sonrisa llena de dulzura. Aunque yo tampoco es que sea el alma de la fiesta. Es lo que tiene guardar un secreto durante tanto tiempo. Y por cierto… lo de Eva viene de Evaristo… ¡Dichoso apodo!


***

“Pss, pss… Sofía no os ha hablado de mí, cosa que entiendo, porque si lo hubiera hecho más de un@ de vosotr@s pensaría que está chiflada. Y no lo está, os lo digo yo, que soy su voz interior. Su Pepito Grillo, como ella prefiere llamarme. Desde hace tiempo mantenemos una relación amor-odio basada en el respeto mutuo. Ella respeta que yo le suelte verdades como puños que le dan donde más le duele, y yo respeto que ella me ignore y reniegue de mi existencia. Pero, aunque ella no pueda imaginarlo, tengo un papel muy importante en esta historia…”


Una escena que abra el apetito:

A las dos menos diez colgamos el cartel de cerrado en la puerta. Me despido de Eva y me dirijo al bar de Antonio, situado a tan sólo unos pasos de la agencia. Entonces recuerdo el sobre azul dentro de mi bolsillo, y siento un débil cosquilleo en el estómago. Quizá mi admirador secreto me esté esperando junto a una tapa de ensaladilla. Aunque, cuando cruzo la puerta del establecimiento en cuestión, la excitación desaparece por completo. 

Por favor. Que no esté aquí. 

Que no esté aquí. 

En verano el bar de Antonio suele estar muy animado. Los turistas se sientan en su terraza y disfrutan como niños comiendo paella y bebiendo sangría. Pero en invierno, sin las sombrillas de colores ni las sillas de plástico, el lugar se convierte en el bache que siempre había sido antes de que el turismo hiciera su aparición en Cádiz. Un bache en mi tierra es una pequeña tasca en cuyo interior sólo hay sitio para una barra de la época de Franco, tres o cuatro taburetes, un par de pequeñas mesas (con suerte), el dueño (que hace las veces de cocinero y camarero) y un número indeterminado de especímenes masculinos (tipo desempleado / jubilado / acabo de terminar de trabajar y no tengo ganas de subir a casa) que fuman, beben, hablan de fútbol y cantan pasodobles de carnaval mientras llevan el ritmo golpeando los nudillos contra la barra de madera. Obviamente, lo de bache es por las posibilidades de caer dentro y no salir…

¿Y qué hace una chica como yo en un lugar como éste?, te estarás preguntando. Yo también me lo pregunto a veces, créeme. La razón es que Antonio y mi padre eran amigos desde niños, y todos los sábados sin excepción me traía para tomar una tapa de “la mejor ensaladilla de Cai”. Me alzaba con sus fuertes brazos, me colocaba en uno de aquellos taburetes, pedía una caña, un refresco y un par de tapas, y se fumaba su cigarro mientras hablaba con Antonio, que atendía tras la barra. 

Cuando mi padre murió, continué yendo allí cada sábado. Antonio me servía una tapa de ensaladilla y un refresco (a pesar de haber cumplido los veinte, seguía siendo la niña de su mejor amigo), y me entretenía contándome batallitas, hasta que los dos terminábamos riendo y llorando al mismo tiempo. Así que al comenzar a trabajar en Gades Tours, me pareció que pasar la hora de la comida en aquel lugar era lo más lógico. 

Ahora es Antoñito, el hijo mayor de Antonio, el que dirige el negocio y atiende a la clientela y quien, al verme aparecer en la puerta, coloca con rapidez una caña en “mi” zona de la barra (en los baches, los clientes somos muy territoriales), mientras se recoge la desordenada melena rizada en una coleta.
–¡Hola Antoñito! ¡Hola Juanco! –grito mientras me siento en el taburete que este último me ofrece. 
–¡Hola chiquilla! ¿Qué va a comé hoy lo más bonito de mi bá?

No se trata de un cumplido ni de una exageración. Es simplemente un hecho incuestionable. Si vieras a mis compañeros de condumio (si vieras a Juanco), lo entenderías. 

–¿Qué tienes de pescado? –le pregunto. El pescaíto frito me vuelve loca.

–Tengo unas pavías de merluza que te vas a chupá los deos.

Juanco gruñe expresando su aprobación, y hace un gesto a Antoñito para que le sirva otra copita de tinto peleón. A mí la boca se me hace agua sólo con pensar en el rebozado crujiente y en la jugosa y blanca merluza.

–Ya estás tardando, Antoñito. 

–¡Marchando una de pavía!

–Con mayonesa, no se te olvide.

–¿Cómo me iba a olvidá, reina mora? Cualquier cosa pa’tené contenta a mi niña –dice guiñándome un ojo antes de desaparecer en la pequeña cocina. 

El corazón se me para por un instante, aunque enseguida se recupera. ¿A qué venía ese guiño? ¿Y eso de “su niña”? ¿Y si está tratando de decirme que es él quien me ha escrito la nota? 
“Echa el freno Sofía. Ya tenemos bastante con la ansiedad y los brotes depresivos. Ahora no vayas a volverte paranoica”. 

Vaya, es la primera vez que estoy totalmente de acuerdo con mi Pepito Grillo. Pero por si acaso decido ir al baño para colocar los mechones que el viento ha despeinado. Solo por si acaso. Y de paso me pongo un poco de cacao en los labios. Es que con este frío se agrietan enseguida. 

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Regina Matarí por la presentación.






3 comentarios:

  1. No había oído de esta escritora. Me llama mucho la atención la portada, y lo que he leído del argumento me ha llamado la atención... estaré atenta a este historia, y si tengo la ocasión, la leeré.

    ResponderEliminar