domingo, 20 de diciembre de 2015

El rincón del escritor: Leonor Basallote nos presenta Tres segundos



¡Hola! Me llamo Leonor Basallote. Soy gaditana afincada en Toledo. Estudié Historia en la Facultad de Sevilla y me dedico a labores administrativas, a escribir y a ser madre.
Mi primera novela se llama Una Alumna Difícil. Se publicó en 2014 con muy poca difusión por parte de la editorial y pasó desapercibida en este mundo de locos.
Ahora, con Tres Segundos, vengo con energías renovadas, una nueva editorial que se está abriendo camino y un conocimiento de cómo es todo esto por dentro. 
Mi mayor pasión es escribir, tengo bastante claro que solo unos elegidos consiguen vivir de ello, pero es una droga y necesito crear personajes y contar historias.
Con Tres Segundos he trabajado muchísimo. Marta y Carlos se han convertido en parte de mi vida, porque sin lugar a dudas, la de ellos, podría ser la historia de amor de cualquiera. Los enredos, malentendidos, declaraciones y pasiones que ellos viven están sacados de declaraciones escuchadas en la calle que, salpimentadas con la imaginación de una servidora, dan como resultado una historia de amor que no os podéis perder.


Sinopsis

¿Qué harías si tu amor de la adolescencia se volviese a cruzar en tu vida? 
¿Qué harías si todo a vuestro alrededor estuviese dispuesto para que cayeras en la tentación y sintieses que no te lo mereces? 
¿Qué harías si el pasado aún tuviese un as en la manga? 
¿Lo dejarías en manos del destino? 
Ajenos a las trampas del pasado, a los miedos inconfesables, a las apariencias, a las verdades sin tapujos y a las mentiras que duelen, Marta y Carlos intentan que el amor sea lo más importante; aunque antes tengan que luchar contra el viento y descifrar que lo que les guía es lo mismo que los une. 
Descubre la historia de Marta y Carlos en medio de todos estos interrogantes y sabrás qué camino seguir cuando te guía el corazón.

Ficha del libro



Los personajes nos hablan de la novela:

Hola soy Carlos, un tipo normal, con gusto por los deportes, la aventura y la buena comida. Mi pasión por los deportes me alejó de la medicina y abrió el camino para emprender mi negocio; una
cadena de gimnasios que me permite vivir como quiero.
Hasta que la encontré a ella, pensaba que mi vida iba a las mil maravillas. 
El pueblo, en octubre, no ofrece muchas alternativas de diversión y mi destino me la puso delante. La bella y dulce Marta, volvía a aparecer después de casi seis años,  pero no era la misma. La Marta que me tropecé era misteriosa, sensual y atrayente, todo un desafío para mi espíritu aventurero. Su pelo castaño y sus ojos color miel parecían tener muchas historias pendientes. 
Siempre quise a Marta, pero nunca de la forma en que ahora mi cuerpo parece reaccionar cada vez que la tiene cerca. Ella era un ángel, alguien a quien conservar cerca y que transmitía una luz diferente. Sabía que no le era indiferente, aunque jamás hubiese intentado nada con aquella pequeña que se cruzaba una y otra vez en mi vida. Siempre estaba pendiente de ella. Me encantaba cómo forzaba ese encuentro “casual” en mi camino a casa. Sus ojos brillaban tanto que, desde lejos, sabía cuanta ilusión le hacía ese momento 
Un día desapareció, nadie supo decirme qué le llevó a huir del pueblo sin despedirse.
Ahora, la Marta que se ha cruzado en mi camino tiene algo que debo descubrir. La mujer que tengo delante nada tiene que ver con la que mi cabeza ha albergado estos años.   
Nuestro tropiezo no creo que fuese calculado; se la veía tan nerviosa intentando agarrar las bolsas de la compra y sin saber dónde fijar su mirada. Me escudé en las gafas de sol para recorrer su cuerpo. Había cambiado. La niña que desapareció había dejado salir a toda una mujer, aunque un leve temblor en su voz me animó a indagar. Verla recolocarse la melena y ajustando su postura despertó en mí esa curiosidad de la que un buen aventurero nunca debe alejarse.  

Ahora, no tengo tan claro cuáles son los deseos de Marta, pero no desistiré hasta descubrirlos. 


***


Soy Marta, la indecisa, enamoradiza y sensible Marta. O al menos, esa era yo antes de huir. Fue duro, pero volvería a hacerlo. 
Ahora después de seis años en los que he conseguido vivir de mi profesión de periodista, recompuesto mi vida y diseñado cada uno de los caminos que recorreré, debo volver. Mi madre me
necesita.
Nada de lo que hubiese imaginado encontrarme en este inesperado regreso lo incluía a él. Carlos siempre fue mi debilidad, sus ojos verdes, su mirada profunda y esa invitación escrita en su sonrisa, hacían que me olvidara de todo y mi mundo fuera él. Sabía sus horarios, la ropa que llevaría puesta, cómo tomaba el café, qué le hacía sonreír y qué le enfadaba. Y lo que tenía más claro de todo, era que yo no le interesaba en absoluto. Se convirtió en mi obsesión, pero nuestra diferencia de edad y nuestros estilos de vida eran incompatibles.
Tenerlo de nuevo cerca no me beneficia, ¿o quizás sí? Desechar la imagen idealizada que tengo de Carlos y construir una nueva, desde la tranquilidad que me ha dado la distancia, podría ser un buen juego. La nueva Marta no huye, se enfrenta, aunque su contrincante le derribe sus defensas nada más haberlas construido. Debería alejarme, lo sé. Solo el hecho de estar sentada, a plena luz del día, en una cafetería, me pone nerviosa. Tenerle tan cerca observando cada uno de mis movimientos y sintiéndome estremecer me demuestra que mis sentimientos por Carlos no habían desaparecido, tan solo los tenía enterrados en un lugar profundo de mi corazón, dispuestos a aparecer en cualquier momento.  


Una escena que abra el apetito:

—Te ha sentado bien el cambio. Si te hubiera visto fuera del pueblo, no sé si te hubiese reconocido. —Marta se acomodó de nuevo para no sentirse avergonzada de su escrutinio, el rubor de las mejillas y el sudor en las manos no tardaron en aparecer.
—Tú en cambio no has cambiado nada, sigues siendo peligroso. —Aquellas últimas palabras casi las dijo para sí misma.
—Nunca he sido peligroso contigo.
Al escuchar su respuesta, Marta se recriminó a sí misma ser tan bocazas. La conversación estaba tomando un cariz algo tentador que no tenía previsto, pero no todo lo podía controlar. Su rostro bronceado, unido a su sonrisa y a esa forma pausada e hipnotizadora de hablar, hacía que sus pensamientos ya llevaran como una hora en otro escenario que no era precisamente aquel restaurante.
Marta sintió arder su cara. Estaba claro que aquella faceta de Carlos la desconocía y no estaba dispuesta a explorarla. Tenía que poner los pies en la tierra y ahuyentar sus miedos infantiles.
—Pues yo creo que se nos pasó el tren. Ahora la vida nos ha puesto de frente para exorcizar aquellos miedos. Yo estaba completamente colada por ti. —Por fin lo había soltado y se sentía libre. Aquella confesión le había pesado como un yunque durante muchos años, ya era hora de que cada cosa estuviese en su lugar. Cuando Marta consiguió sacar afuera todos aquellos pensamientos de la infancia, enquistados durante más de diez años, sintió que pesaba menos, que se liberaba de unas cadenas. Eso era su amor por Carlos, unas cadenas que no la habían dejado avanzar como debiera. Por eso ninguno de sus intentos de relaciones habían prosperado. Ella seguía atada a aquel recuerdo. Se alegró de que la vida se lo hubiera puesto delante con esa imagen apuesta y triunfadora. No era otra cosa que inalcanzable. Lo que años atrás le hubiera parecido una repetición del cuento, ahora lo veía como la moraleja. Carlos no era para ella, tenía que soltar lastre y verlo claro como el agua.
Marta estaba tan absorta en la revelación de su mente que no se dio cuenta de la reacción inmediata de Carlos ante sus palabras. Se había puesto rígido y su semblante, antes relajado, se había tornado serio. Su mirada se clavó en la de ella, que seguía dando explicaciones de por qué era mejor ser amigos, y acabar con aquella atracción.   
La camarera se acercó a retirar los platos y a preguntar si querían tomar algo de postre. Marta se sentía triunfadora, se atrevió a pedir un poco de helado de nata con caramelo. Carlos observaba cada uno de sus movimientos.
—Lo dices en pasado. —A ella le descolocaron sus palabras, ¿a qué se refería?         
—No creo que haya otra forma de contarlo. —La estaba poniendo nerviosa con esa forma de mirar tan penetrante y acusadora. Le acababa de facilitar las cosas, ya no tenía que fingir interés por la chica que estuvo detrás de él media adolescencia.
—No creo que sea cierto. Mi versión es completamente distinta, y pienso demostrártela, pero para eso, no te voy a aburrir con palabras. —Se acercó lentamente a su boca fría por el helado y pasó casi rozando sus labios a susurrarle en el oído. —.Yo prefiero los hechos.
Aquellas cuatro palabras suspiradas tan cerca de su cuello, que se quedó frío al instante en que su cuerpo se separó de ella, hicieron que Marta reconsiderara si todo lo que acababa de decir lo podía tirar a la basura y hacer borrón y cuenta nueva con el nuevo y desconocido hombre que tenía delante.
No conocía a aquel Carlos. Cuando descubrió que era imposible que lo conociera porque nunca la había seducido con susurros y miradas eternas, supo que su plan estaba haciendo aguas por todas partes.

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Leonor Basallote por la presentación.


















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