domingo, 28 de febrero de 2016

El rincón del escritor: Emma H. Fer nos presenta Mi extraordinario mundo

Caro emprende junto a Irad, un apasionante viaje a Egipto en busca de su padre. Acaba de enterarse de que prácticamente toda su vida ha sido una mentira y no va a parr hasta encontrar la verdad. Pero, ¿será tan fácil como ella imagina?, ¿encontrará a su padre?, lo que descubra, ¿le hará sentirse mejor, o peor?, y la relación con Irad, ¿se afianzará?, ¿ese amor que han empezado a sentir mutuamente, será un amor verdadero?. Y lo más importante de todo, ¿qué pasará cuando se dé cuenta de lo que verdaderamente el destino, le tenía reservado?...
¿Preparados para conocer el gran desenlace?
Si te gusta el suspense en toda su esencia, mezclado con una historia de amor con mucha pasión, no busques más, ésta es tu novela.
Mi extraordinario mundo es la continuación de Mi imperfecto mundo.
Una novela que no podrás dejar de leer...



Ficha del libro



Los personajes nos hablan de la novela: 

Hola, soy Irad y vivo en Turquía, concretamente en Estambul. Nací allí y cuando mis padres y hermanos se fueron a vivir a Francia, hace unos años, yo decidí quedarme a vivir en casa de mis padres, tengo 42  años y trabajo como guía turístico de una importante empresa aquí, en Turquía. Y estoy completamente enamorado de una mujer morena y española a la que conocí cuando aún era un niño y con la que, gracias al destino, me he vuelto a reencontrar casi treinta años después.

Quiero hablaros de Carolina, lo primero que debo contaros para que os hagáis una idea es, que, ella, es lo mejor que ha pasado en mi vida. Sus ojos parecen hablarme y saber lo que siento, me conoce tan jodidamente bien que hasta me asusta, su sonrisa es contagiante además de preciosa, y su tez morena es la culpable de que no pueda contemplar nada más cuando está cerca de mí. Es una mujer luchadora, fuerte y muy pasional, su inmensa cabezonería y su impulsividad, hacen que me vuelva loco en más de una ocasión, aunque he de admitir que de "eso", también son culpables sus excitantes e insinuantes labios rojos. Me enamoré de ella cuando aún éramos niños y aunque hayan pasado muchos años desde entonces, cuando volví a verla, sentí resurgir ese amor con más fuerza que nunca. He de admitir que estoy locamente enamorado de ella y que tengo claro que el resto de mi vida, lo voy a dedicar a hacerla feliz.

Cada vez que recuerdo la noche en que la cité para llevarla a un baño turco, no puedo evitar carcajearme a mandíbula abierta. La llamé a su móvil y le dije que la esperaba en tal dirección, cuando me preguntó donde íbamos y que íbamos a hacer, lo único que le dije fue: no debes llevar bragas. Ella, obedeció sin más y cuando el taxi, la trajo hasta donde yo la esperaba y bajó de él, tenía los músculos contraídos por haberse puesto un vestido de vuelo sin ropa interior y creer que tanto el taxista como el mundo entero, se habían dado cuenta. Colorada como un tomate me regaló una mirada asesina que lo único que consiguió fue divertirme como poca gente lo ha conseguido en mi vida, (aparte claro, de ponerme absolutamente cachondo el saber que venía preparada para mí). 

***

¡Hola a todas¡, me llamo Carolina (Caro), y vivo en un pequeño pueblo de Granada, (Maracena), tengo 36 años y trabajo como carnicera en una tienda cerca de mi piso. Me considero una mujer independiente y sencilla que le encanta pasar buenos ratos con mis amigas de siempre. No he tenido una infancia fácil así que aprendí a que los problemas no me afectaran demasiado y a reprimir las cosas dolorosas que la vida me haya podido ir regalando a lo largo de esta. Actualmente estoy completa y irrevocablemente enamorada de mi Dios griego personal, Irad, mi turco favorito.

Os hablaré un poquito de Irad, como buen turco, su piel es morena, sus ojos en cambio son negros, a pesar de que casi todos los turcos que conocí los tenían verdes, son preciosos y os puedo asegurar que cuando los miro directamente, puedo ver el fondo de su alma. Esta buenísimo, tiene un culo de infarto. Es un encanto de hombre. Cuando estoy en sus brazos me siento tan protegida, como si estuviese en casa y he de reconocer que sentir estas emociones, y sobre todo, aceptarlas, me ha costado un trabajo inmenso. Lo que más me gusta de él es que sabe exactamente cuál es mi estado de ánimo con tan solo mirarme, al igual que con tan solo una palabra puede ponerme tan cachonda que dejo de ser yo misma para convertirme en su total y absoluta esclava sexual. No es tan perfecto, no creáis, también me ha sacado de quicio en algunas ocasiones, por ejemplo, no me gustan nada las sorpresas y se lo dejé bien claro pero a él le da igual, cada vez que le da la gana ¡zas!, me sale con alguna y además cuando en su cabeza se está cociendo algo, no me cuenta nada hasta que no lo tenga totalmente hecho y eso me pone de los nervios porque me gusta anticiparme a lo que va a pasar o va a hacer. Pero bueno, he de admitir que estoy locamente enamorada de él y que a su lado, soy la mujer más feliz del mundo.

El día en que llegamos a Egipto y nos acomodamos en el hotel, ya era de noche y necesitaba una ducha urgente. En ello estaba tranquilamente, disfrutando al máximo de como sentía el agua recorrer mis pobres y tensos músculos mientras cantaba una canción, cosa que hago habitualmente cuando me ducho, entonces y sin avisar, entró él y me "pilló", cantando, Diosssssssssss, no os puedo describir la vergüenza que pasé. Él por su lado, se lo pasó pipa al notar mi vergüenza y tuvo la cara dura de insistirme para que siguiera. Por supuesto que cerré el pico y no quise hablar más del tema. En su lugar, me comí una estupenda cena y después hicimos el amor como se tiene que hacer, sin vergüenza alguna.


Una escena que abra el apetito:


Soltó una fuerte carcajada y se acercó a mí por la espalda, me rodeó la cintura con sus brazos y me besó en el cuello.
—Estás muy, pero que muy sexi cuando comes espagueti, ¿lo sabías?
—No, no tenía ni idea, aunque te puedo asegurar que ahora mismo me siento de todo menos sexy. ¿Quieres? Hay suficiente.
—No, gracias. Tengo hambre, pero... de otras cosas.
—Pues lo siento, pero no hay mucho donde elegir. Concretamente, no hay nada.
—Te equivocas, lo que me quiero comer, lo que de verdad me apetece más que nada en este momento, lo tengo muy cerca de mí.
Solté el tenedor, me limpié la boca y me volví hacia él. Era increíble cómo en una sola frase me había puesto tremendamente cachonda.
No me importó si tenía algún resto de tomate o que pareciese una desesperada, lo atraje hasta mí y empecé a devorarlo salvajemente.



 Desde LecturAdictiva damos las gracias a  Emma H. Fer por la presentación.

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