domingo, 12 de junio de 2016

El rincón del escritor: Laura Maqueda nos presenta Érase una vez en Londres

En un lugar de la Mancha… ¡Ah, no! Que esta historia no empieza así. Vale, pongámonos serios que llegan la española y el modelo…
¿Puede el modelo más famoso del mundo enamorarse de una chica corriente?
Desesperada, angustiada, perdida en mitad de un aeropuerto en un país extranjero… y estafada. Así se siente Miriam cuando aterriza en Londres y descubre que la empresa que le había prometido un trabajo la ha engañado y se ha quedado con su dinero. Perdida en una ciudad que no conoce y con apenas unas libras en el bolsillo, Miriam deberá buscar urgentemente una solución a sus problemas. Lo que no espera es encontrarse con un elegante, desconocido y guapísimo hombre, que se presentará como su salvador al ofrecerle su casa de manera desinteresada mientras ella busca un nuevo trabajo.
Miriam no puede sospechar que su casero, además de ser una belleza, es el modelo más reconocido del momento y que, además de hospedarla en su casa, está también dispuesto a abrirle su corazón… si es que la convivencia con una alocada española se lo permite.



Ficha del libro






Los personajes nos hablan de la novela:


Esto es para una entrevista de trabajo? Porque si es así tenéis que saber que estoy dispuesta a todo. Bueno, a todo no pero… ¡ya me habéis entendido! El caso es que me llamo Miriam y tengo la peor suerte del mundo. Sí, sí. ¡La peor! Estoy segura de que estaréis pensando que todos tenemos problemas, ¡pero es que lo mío es de otro planeta! ¿Alguna vez os habéis visto obligados a tener que abandonar vuestro país para buscaros la vida y ese trabajo que te prometieron resulta que no existe, que te han estafado y se han quedado con todo tu dinero? Pues esa es mi historia. ¡A ver cómo me las apaño yo solita en Inglaterra con unas pocas libras en el bolsillo! Lo mejor será volver a casa, pero no quiero que piensen que soy una fracasada y… ¿El tío bueno de la mesa de al lado me está mirando a mí? Esperad, esperad… ¡que se está acercando! ¡Mátame, camión! No puede ser que me esté ofreciendo ayuda, ¡quedarme en su casa nada menos! ¿Será verdad que los cuentos de hadas existen? Si es así no quiero ser una princesa. Por una vez, quiero ser la protagonista de mi propia historia y si es con un tío como el que tengo delante, ¡mejor que mejor!

***

Un placer hablar con las lectoras del blog Lectura Adictiva (hablo en femenino porque estoy seguro de que la mayoría sois mujeres). No es la primera vez que tengo que contestar a preguntas sobre mí mismo, aunque probablemente todas me conozcáis. Me llamo Julian Cole, tengo treinta y cuatro años y soy modelo. A pesar de que ya estoy entrado en la treintena, mi carrera está en pleno auge y a veces tengo que rechazar algunos de los trabajos que me proponen. Soy consciente de que mi cuerpo es admirado por hombres y mujeres de todo el mundo pero aquí va mi secreto: tengo que machacarme en el gimnasio cada día para estar en forma. La verdad es que empiezo a estar cansado de tener que quitarme la ropa en cada sesión de fotos; me gustaría aspirar a algo más, tal vez conseguir un papelito en alguna serie de televisión o… ¿No es esa la misma chica con la que me crucé en el aeropuerto? ¿La que le daba golpes al teléfono móvil contra la mesa? Se la ve perdida, asustada y… Dios, es toda una belleza. Cuando la oigo hablar consigo misma me doy cuenta de que es española. Tal vez necesite ayuda, no puedo dejarla. Vale, voy a acercarme. Deseadme suerte. No tengo ni idea de por qué estoy a punto de ofrecerle que se instale en mi casa. Sólo sé que no puedo mantenerme apartado de ella y, además, creo que la chica no tiene ni idea de quién soy en realidad…

Una escena para abrir el apetito:

—¿Me ha mirado un tuerto y no me he dado cuenta?— se decía a sí misma mientras removía la cremosa nata de su batido y se llevaba la pajita embadurnada a la boca—. ¿Es que nada va a salirme bien?
Un fuerte carraspeo a su derecha interrumpió la sarta de maldiciones que salía de la boca de Miriam y la obligó a mirar en esa dirección. Casi se atraganta con el batido cuando reconoció al propietario de los ojos más azules que ella había visto nunca y que la miraban con expresión divertida. Era el mismo hombre que se había sentado a su lado en la cafetería del aeropuerto y que se había reído de ella cuando había golpeado el móvil contra la mesa y ahora volvía a reírse de ella nuevamente. Al parecer, el dandi inglés la encontraba muy divertida. El hombre vestía de forma muy elegante y su traje elaborado con un paño muy caro, con toda seguridad, estaba hecho a medida. Miriam se lo quedó mirando con el entrecejo fruncido y él se señaló con un dedo la comisura de sus labios carnosos y bien definidos. De inmediato, Miriam se llevó los dedos a su mejilla y se limpió, abochornada, una mancha de nata que se había dejado en la comisura de la boca.
—Los españoles y sus dichos.
La voz del hombre era ronca y profunda y le hablaba en un perfecto español con acento británico. Además, le sonreía mientras hablaba y Miriam sintió que le temblaban las rodillas.
—Aquí solemos decir que nos han echado un mal de ojo.— continuó él.
Intentando recomponerse, Miriam se aclaró la garganta y habló con tono indiferente cuando consiguió recuperar la voz.
—¿Habla español?
El desconocido dobló el periódico que estaba leyendo, tomó la tacita de café que tenía delante y se puso en pie. Además de guapo era altísimo y se adivinaban todos los fuertes músculos que escondía bajo su carísimo traje.
—Solo un poquito— le aseguró él antes de volver al inglés—. ¿Me permite acompañarla?
Boquiabierta, Miriam asintió con la cabeza y contempló embobada cómo él se acomodaba en el sillón que quedaba libre frente a ella.
—Me llamo Julian— le dijo—. Y usted es la española malhumorada del aeropuerto.

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Laura Maqueda por la presentación.

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