domingo, 6 de noviembre de 2016

En rincón del escritor: Lara Rivendel nos presenta No son molinos, ¡son Higlanders!

«¡Vas a acabar como Don Quijote, con el cerebro seco de tanto leer!» Si a Valentina le hubieran dado una moneda cada vez que alguien le decía estas palabras, podría haber hecho el viaje de sus sueños a Escocia. Pero Val no tiene dinero así que usa los libros para viajar, aunque a diferencia del hidalgo de la Mancha, las novelas que ella lee no son de caballería, son romántica. Val es alumna de primer curso en la Universidad Internacional Don Quijote, acabada de estrenar. Su pasión por la lectura hace que consiga el puesto de becaria en la biblioteca, donde revoluciona las costumbres de la bibliotecaria jefa creando un club de lectura virtual: Las Pícaras Molineras. Y no es la única revolución que tiene lugar durante el curso. Miguel, un guapísimo estudiante de psiquiatría que está realizando su tesis doctoral sobre el Síndrome de don Quijote, se siente muy atraído por ella, pero Valentina no tiene claro si la ve como a una mujer o como a un conejillo de indias. La llegada de Ian, un estudiante escocés de intercambio, hace que la vida de Val se complique de un modo muy interesante. ¿Se quedará Valentina de la Mancha con el psiquiatra que la vuelve loca o se convertirá en Valentina de las Highlands? No son molinos, ¡son Highlanders! es una alocada comedia romántica que nos recuerda que hay que ser tan valiente como don Quijote para enfrentarse a los molinos del amor.


Ficha del libro





Los personajes nos hablan de la novela:

Valentina: ¡Por fin! ¡Qué ganas tenía de salir de casa de mis padres y llegar a la universidad! Y menuda universidad, Universidad Internacional Miguel de Cervantes, ¡mooola!  Todo es nuevo. Tengo una entrevista para trabajar en la biblioteca como becaria. ¡Y me pagarán por ello! No saben que yo pagaría por trabajar en una biblioteca. Tenía tantas ganas de venir que he llegado antes de que empiece el curso. Mi compañera de habitación no ha llegado aún, así que voy a aprovechar y me voy a ir a pasear por el río. Igual encuentro un sauce y me pongo a leer debajo. No sé qué tienen los sauces, son tan sugerentes, puedes meterte dentro y aislarte del mundo… Y si llevas un libro y te pones a leer, se convierte en una máquina del tiempo que te lleva a otros lugares, a otras épocas…

***


Miguel: ¡Qué bien sienta correr un rato por el campo para despejar la cabeza! Creo que me va a gustar esto; el aire de la Mancha es limpio. Nunca pensé que tendría que dejar mi querida Zaragoza, pero no podía quedarme después de lo de Alba. ¿Cómo no me di cuenta de que estaba perdiendo el juicio por culpa de la maldita boda? Menuda mierda de psiquiatra estoy hecho. No me volverá a pasar, lo juro. ¿Mujeres? Sí, gracias, pero las cosas claras desde el primer día. Nada de relaciones. Estoy casado con la psiquiatría. Parece que alguien grita. Viene de detrás de ese sauce. ¿Necesitará ayuda?

Una escena para abrir el apetito:

—«Y sabrá lo que es el placer»—leyó Valentina en voz alta, imitando la grave voz de Jafar. Estaba tumbada de lado sobre la hierba de la ribera. Mientras disfrutaba del sonido del agua del río, siguió leyendo—: «Manteniéndola prisionera de la fuerza de su mirada, se acercó a ella.
»—La domaré con amabilidad, fiera tigresa, y responderá con la pasión que sé que esconde en su interior. —Levantó una mano hacia su pecho.»
Imitando a Alysson, Valentina se llevó una mano al pecho sin dejar de leer: 
«—¡No! —exclamó ella, apartándose como si la hubiera quemado—. No me importa lo amable que sea. Nunca responderé como usted espera.
—¿Está segura? —preguntó él, recorriéndole el cuerpo con los ojos y deteniéndose en sus pechos con una mirada propietaria, a pesar de que estaban cubiertos por la rica tela del caftán—. Pues yo afirmo que sí lo hará. Llegará un día en que me rogará que la acaricie. —Para recalcar sus palabras, levantó la mano y le acarició el pezón.»
Valentina se apretó un pecho, sintiéndolo pesado y algo dolorido. La sensible punta se endureció al notar el roce. Gimió cuando notó una punzada en el vientre, en el lugar que parecía estar unido por fibra óptica a su pezón y se frotó los muslos de manera instintiva. 
«Alysson apretó los dientes, ahogando una exclamación, pero no pudo esconder la respuesta de su cuerpo.
Él se echó a reír al ver su reacción. El ronco sonido de su risa le provocó un escalofrío.
—Oh, sí, pequeña tigresa, lo crea o no, seremos amantes.» —leyó Valentina, con emoción.
—Hola, ¿lo de pequeña tigresa va por mí? —preguntó una voz masculina a su espalda.
Valentina se incorporó de un brinco, sobresaltada y el libro voló por los aires. Val siguió el libro con la mirada. 
—¡Oh, no, se va a mojar! —se lamentó.
El desconocido saltó, cogió el libro en el aire y un instante después de darse cuenta de que no podía volver a la orilla, cayó al agua. Parecía que solo iba a mojarse los pies, pero las piedras del fondo del río eran muy resbaladizas y acabó sentado en la corriente. Desde esa postura tan poco favorecedora, sonrió y señaló con un dedo el libro, que había mantenido en alto, seco y a salvo, en todo momento. 
Valentina le devolvió la sonrisa y, por primera vez en su vida, entendió lo que había sentido Elizabeth Bennet al conocer al señor Darcy.»

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Lara Rivendel por la presentación.

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