domingo, 19 de marzo de 2017

El rincón del escritor: Laura Maqueda nos presenta Érase otra vez en Londres

Una vez, el novelista Walter Besant dijo: «He caminado por las calles de Londres durante los últimos treinta años, y encuentro algo nuevo cada día.» Y no podía hacer acertado mejor. Si la primera vez que Miriam puso un pie en Inglaterra, la capital británica la sorprendió, no iba a ser menos con su hija. ¿Preparados para conocer a la primogénita del modelo inglés y su alocada española?
La hija del modelo más famoso del mundo llega para desbancarlo.
O al menos eso es lo que esperaba todo el mundo cuando la primogénita del modelo Julian Cole se convirtió en una mujer.
A sus casi diecinueve años, Rose es toda una belleza, pero su marcado carácter británico hace que parezca prácticamente inaccesible. Después de un doloroso desengaño amoroso, Rose decide que en su vida no hay cabida para los hombres… Hasta que un joven fotógrafo aparece en su vida.
Un encuentro casual en la prestigiosa escuela en la que Rose estudia, un cruce de miradas, unas cuantas fotografías… y Jack supo que tenía que hacer cuanto estuviera en su mano por conocer a aquella chica de enigmática mirada.
Enamórate de Jack y Rose en esta encantadora comedia romántica en el Londres más chic y cosmopolita.


Ficha del libro



Los personajes nos hablan de la novela:

Rose Cole

¡Hola a tod@s! Imagino que me toca hablar un poco de mí, ¿no? Mi madre me ha dicho que no tengo
de qué preocuparme porque ella también estuvo hablando con vosotros hace un tiempo y dice que sois un encanto. Así que… ¡allá vamos! Me llamo Rose y nací hace diecinueve años en Londres. Soy hija de un británico y una española, ¡ya podéis imaginaros qué mezcla! Todo el mundo dice que soy igual que mi padre y, a pesar del carácter extrovertido de mi madre, la verdad es que yo soy más bien reservada. No puedo decir que haya tenido mucha suerte en el amor, la verdad. De hecho, me he llevado un buen palo hace relativamente poco. Así que me he prometido que nada de chicos durante una buena temporada. Todo el mundo dice que debería ser modelo como mi padre, que mi cuerpo es perfecto para esa profesión, pero… Yo solo quiero a alguien que me valore por mí misma, que se tome su tiempo para conocerme de verdad. ¿Creéis que es mucho pedir? Mi amiga Joanna dice que tengo que salir y relacionarme más pero, ¿quién quiere ir de fiesta cuando tiene a un fotógrafo guapísimo apuntándote con su objetivo?


***

Jack Mason


¡Ey! ¿Qué tal estáis, lectoras? Vaya, creo que es la primera vez que me entrevistan para un blog de éxito. ¡Me he puesto nervioso! ¿Qué puedo contaros de mí? Me llamo Jack, aunque hay quien se
empeña en llamarme Mason; tengo veinticinco años y me siento ciudadano del mundo. Nací en Estados Unidos, pero, ¿para qué engañaros? Los primeros años de mi vida fueron una auténtica mierda así que decidí largarme de allí antes de que aquel ambiente acabara conmigo. He estado en los sitios más alucinantes que podáis imaginar, a lomos de mi chica- no penséis mal, ¡es mi moto!- he recorrido cada estado de mi país y cuando el gusanillo de la fotografía empezó a picarme, decidí instalarme temporalmente en Inglaterra. La verdad es que no tenía pensado quedarme. Pero entonces el objetivo de mi cámara captó los ojos azules más increíbles que yo había visto nunca y supe que estaba perdido. Tenía que conocer a esa chica, convencerla de que era una buena idea estar conmigo. ¡Pero no tenía ni idea de que las británicas fueran tan difíciles! ¿Me ayudaríais a convencerla?


Una escena que abra el apetito:

[…]Mientras caminaba hacia el improvisado escenario y se sentaba en la banqueta, Rose pensó en la voz del fotógrafo. Además de encontrarla ligeramente ronca y de lo más sexy, se había fijado en el modo en que arrastraba las vocales y el énfasis que otorgaba a las erres. Se dio cuenta enseguida de que no era británico pero que su idioma materno sí era el inglés. ¿Americano, tal vez? 
Cuando estuvo acomodada en el taburete, comprobó que las piernas le arrastraban por el suelo, y al levantar la vista se fijó en que los labios de él se curvaban ligeramente hacia arriba.
—Deja que…
Él quiso acercarse a ayudarla a subir el asiento, pero Rose no se lo permitió. Antes de que sus dedos pudieran alcanzar la palanca, los detuvieron los de Rose, y cuando sus manos se rozaron fue como si ambos hubieran recibido una descarga eléctrica. Se apartaron tan rápido como pudieron.
—Ya puedo yo —le dijo ella—. Gracias. ¿Podemos empezar?
Él asintió. Caminó unos pasos hacia atrás y alzó la cámara hasta que le ocultó el rostro. Rose respiró hondo mientras él enfocaba, recordándose mentalmente que en unos segundos todo habría terminado. Contuvo el aliento, esperando el disparo… que no llegaba.
—¿Pasa algo? —preguntó Rose.
Él no dijo nada, pero dejó caer la cámara de forma que colgara sobre su pecho y la miró. La miró de verdad. Para Rose, la mayoría de las personas pasan por la vida mirando sin ver, y cuando clavó la vista en el fotógrafo se vio reflejada en sus ojos verdes. Era ella dentro de sus ojos.
Contuvo el aliento cuando lo vio caminar hacia ella, en silencio. ¿Por qué demonios tenía que latirle tan rápido el corazón? Tal vez era por el agradable olor que el chico desprendía, por la intensidad de emociones que expresaba su rostro serio, por cómo se movía o simplemente porque apenas hablaba; la realidad era que él hacía que se sintiera nerviosa.
—Déjame que intente algo —susurró.
Estaba tan cerca que Rose se olvidó de respirar. Por el rabillo del ojo vio que alzaba las dos manos y que las acercaba hacia su cabeza. Instantes después notó sus dedos acariciándole el pelo, rozando la goma que lo sujetaba para deshacerse de ella y soltarle el cabello, que acabó desparramado sobre sus hombros hasta que las puntas le rozaron las caderas.
—¿Qué haces? —logró preguntar en un susurro.
Él se apartó unos pasos para contemplarla. Rose escuchó las risitas y los jadeos ahogados de sus compañeras, que comentaban la suerte que había tenido. ¡El tío bueno la estaba tocando! Y ella estaba ahí, clavada como un palo en el asiento sin saber qué hacer ni qué decir.
—Perdona, es que… —Él se pasó una mano por la nuca, en un gesto que a todas las chicas les pareció irresistible, Rose incluida—. No he podido resistirme. Tienes un pelo tan bonito que…
Otro carraspeo. Rose se preguntó si era porque se sentía tan perturbado como ella o simplemente porque sufría de flemas.
—Eres muy fotogénica —acabó por decir, mientras volvía a posicionarse para hacerle la foto—. Saldrás mucho mejor así.

Rose no dijo nada. Se limitó a permanecer quieta mientras aquel chico disparaba una y otra vez, muchas más veces que con el resto de sus compañeras. […]


Desde LecturAdictiva damos las gracias a Laura Maqueda por la presentación.


3 comentarios:

  1. Hola!
    Aaaahhh, pedazo de escena! me encanta, y la presentación de los personajes, si ya tenía ganas, ahora ni te cuento.
    gracias por esta entrada!
    un beso
    S

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  2. Gracias por esta introducción al libro. Me ha gustado mucho.

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