domingo, 10 de septiembre de 2017

El rincón del escritor: Patricia A. Miller nos presenta El infierno en tus ojos

Aires de cambio revolucionan la redacción de la revista World Now, en Seattle. Faith Holland, que se ha acomodado en la sección de moda y belleza, se encuentra de pronto en una encrucijada laboral: o vuelve a hacer de corresponsal, y en África, nada menos, o se queda en la calle. Tres años atrás, la pérdida del hombre al que amaba la apartó de las coberturas internacionales; volver a la primera línea supondrá un reto en todos los sentidos: profesional, personal y, aunque no lo espera, también emocional. Mathew Parsons es un conocido corresponsal freelance, que lleva varios años cubriendo los conflictos en el corazón de África para los principales medios estadounidenses. Es descarado, controvertido y hace del trabajo su vida. Un primer encuentro accidentado, una opinión prejuiciosa y confesiones a media voz en el silencio de un pasillo marcarán el inicio de una relación profesional que se convertirá en una apasionada historia de amor, pero también en una aterradora pesadilla. Dos personas en busca de la verdad en medio de un conflicto, luchando por sobrevivir al combate más atroz y a la intensidad de sus sentimientos. Cuando todo está perdido, cuando te han despojado de cualquier esperanza, ¿qué estarías dispuesto a hacer por la persona que amas?


Ficha del libro



Los personajes nos hablan de la novela:


Mi nombre es Faith Holland, soy periodista en la revista World Now, en Seattle.
Hace un tiempo, la vida me sometió a una prueba tan dolorosa que todavía, después de tres años, las heridas duelen como si me fueran a arrancar el corazón. Perdí al amor de mi vida, perdí a mi compañero, mi amante, mi universo, y con él se fue la Faith aventurera, la pasional, la que no tenía miedo a nada.
World Now se convirtió en mi refugio, un lugar donde continuar trabajando lejos de la primera línea de información, pero la revista requiere un cambio y me he visto obligada a cambiar también.
Estoy en África, en la República Centroafricana, destacada como corresponsal de guerra. Mi fotógrafo, Jacob Allen, y yo debemos realizar varios reportajes acerca del conflicto bélico que existe entre las facciones cristiana y musulmana. Van a ser tres meses intensos, en medio de la locura que es ahora mismo Bangui, la capital del país. Las fuerzas de seguridad de la ONU patrullan día y noche la zona para mantener el orden, pero no es suficiente. A veces, las ráfagas de disparos se escuchan en el silencio de la madrugada y acaban con cualquier pretensión de descanso.
No somos los únicos periodistas en el lugar. El hotel Centro, donde nos hospedamos, está plagado de prensa internacional. Hoy hemos conocido a uno de los corresponsales más polémicos y atrevidos de los Estados Unidos: Mathew Parsons. En mi opinión, un idiota pagado de sí mismo que se cree con más vidas que un gato. Pero este gatito no es intocable. Hoy ha llegado herido al hotel y he sido testigo de que su sangre es roja como la del resto de mortales y su vanidad tan grande como el Pacífico.
A la hora de la cena se ha burlado de mí, de mi trabajo, de mi profesionalidad y me ha hecho quedar como una niña tonta delante de otros compañeros. Además, me mira como si quisiera desnudarme con los ojos y me pone tan nerviosa que acabo diciendo tonterías. No voy a negar que el tipo es atractivo, que tiene un magnetismo brutal, pero si cree que me derrito como una cualquiera es que es más engreído de lo que pensé esta mañana.
No importa. No tengo intención de seguirle la pista, ni creo que sea buena idea confraternizar con un hombre así. No hay espacio en mi vida para problemas de ojos azules y mente sucia.

***


Llevo demasiado tiempo en este país, y cuando digo demasiado es que empiezo a conocer el lugar y a sus habitantes como la palma de mi mano. Si no fuera por el cometido que me retiene ya habría volado lejos.
¿Qué versión de mí preferís leer? ¿La del Mathew Parsons súper hombre o la del Mathew Parsons súper corresponsal? ¿O ambas?
Bien, veamos lo básico. Soy un periodista hecho a sí mismo. En estos momentos es el Post el que me paga el sueldo, pero mañana podría ser cualquier otro medio interesado en conocer la cara más cruda de la guerra. No tengo mujer, ni hijos —que yo sepa—, soy medio escocés y mi residencia está allí donde quepa mi mochila. Soy directo, sincero y no me detengo ante nada ni ante nadie. ¿Suficiente? Seguro que no.
Hace unos días me pasé de listo en un encuentro con la milicia cristiana y me dieron un golpe que me costó tres puntos en una ceja. A veces ocurren estas cosas, aunque es cierto que podía haberlo evitado. No todo el mundo puede mantenerse impasible cuando ves como matan a varios seres humanos delante de tus narices, por muy merecido que lo tuvieran. Cuando estás en medio de un conflicto de guerra, la mente fría y la boca cerrada son imprescindibles.
Pero, ¿sabéis qué? Ese día, pese al dolor y el susto, me llevé algo bueno.
Ha llegado carne fresca a Bangui. Un fotógrafo y una corresponsal de Seattle. En él no me fijé demasiado, la verdad, pero ella… Uff, a simple vista es increíble. Desprende un jodido olor a flores que me tiene salivando desde el primer momento que pisó la recepción del hotel Centro. Ella me cogió la mano mientras me curaban la herida de la ceja y os juro que pensé que estaba en el cielo. Un poco más tarde, a la hora de la cena, comprobé que tiene un carácter infernal y una lengua viperina que ya me gustaría controlar a mi manera. Cree que las cosas en la República Centroafricana son tan sencillas como escribir un artículo sobre belleza femenina y espero con ansias el momento en que se dé cuenta de que no es así. Aquí imperan las tres efes: ni fácil, ni fiable, ni feliz.
Aun así, esa mujer ha conseguido lo que otras no han podido: hacerme perder la paciencia. Tuve que reconocer delante de otros compañeros de profesión que me había pasado al calificarla como inexperta, y ahora voy a tener que pedirle disculpas y volver a oler ese aroma que hace que me hierva la sangre. ¿Por qué demonios me pone nervioso enfrentarme a esos ojos color miel?
Puede que sea porque llevo demasiado tiempo aquí, sin sexo. O puede que sea algo más…

Una escena para abrir el apetito:

“Todavía no había tocado el suelo cuando Mat la empujó dentro del vehículo y cerró la puerta tras de sí. Tenía ganas de gresca, de acabar lo que había dejado a medias, de hacerle comprender el riesgo que corrían si se pasaba de lista.
—Que quede clara una cosa, Holland. —Llamarla por el apellido le permitía mantener a un lado la vorágine de emociones que se despertaban cuando estaba tan cerca de ella—. No me gusta tu manera de pensar, ni me gusta tu forma de trabajar. Quizá no seas la periodista superficial que creí el primer día, pero ¡no tienes ni puta idea de cómo funcionan las cosas en este país!
—Déjame salir del coche —demandó con los dientes apretados y los puños preparados para golpearle en el rostro si hacía falta.
—¡Cállate, maldita sea! No quiero que vuelvas a abrir esa boca hasta que no salgamos del campamento. Estás aquí gracias a mí, he sido yo el que ha accedido a que Jacob y tú vengáis a ver lo que se hace en negociaciones como esta, lo mínimo que puedes hacer es callarte de una jodida vez y seguir las indicaciones para que no te maten. Si veo que se mueve uno solo de los pelos de tu coleta cuando estemos allí, seré yo quien te meta un balazo en el culo. ¿He sido suficientemente explícito?
Un leve cabeceo fue cuanto le concedió. Se estaba asfixiando, tenía que salir, no podía pensar. La cara le ardía y la cabeza iba a estallarle. Con la respiración agitada y movimientos torpes, emprendió una absurda huida por encima de las fornidas piernas de Parsons, ante la estupefacta mirada de este, que no podía creer lo que ella estaba haciendo. La rodilla le falló al intentar avanzar sin espacio y, de pronto, se encontró sentada a horcajadas sobre él, con la mirada fija en unos ojos en los que se encontró a sí misma, miel sobre azul, como la arena que recibe las suaves caricias de un mar celoso.
Las manos de Mathew no pudieron rechazar la oportunidad de tocarla de nuevo. Ansiosas, se posaron en la cintura de aquella criatura, tan mística y divina como odiosa. La sorpresa del contacto la hizo jadear y tan inesperada reacción por poco lo hace arder. Había algo que necesitaba de ella, no sabía qué exactamente, pero ahí estaba, oculto tras un rostro de ángel y un cuerpo para pecar, agazapado entre miradas de anhelo y palabras hostiles. No era el momento, ni el lugar. La lógica tiraba del deseo y apartaba pensamientos peligrosos, pero la batalla que se libraba en el reducido espacio entre sus labios no entendía de frenos, ni de consecuencias desastrosas. Solo con recorrer la distancia de un suspiro alcanzaría esa suculenta boca que ella le ofrecía. Luego, ya habría tiempo para lo demás.
—¿Qué me estás haciendo? —musitó Faith. Los labios de Mathew Parsons le habían llenado los sueños desde el primer día que lo vio. Ahora que los tenía tan cerca le daba miedo besarlo y despertar sin más.
Mat inhaló aire con violencia al escucharla. Las manos abarcaron con posesión la cintura y, el deseo por explorar más allá de la camiseta, despertó la erección bajo los pantalones; la cercanía del pecho de ella lo hizo salivar y mover las caderas para aliviarse; y el erótico gemido, que le llegó claro hasta los oídos, le dio el permiso que le hacía falta.
—¿Qué me estás haciendo tú? —susurró contra la deliciosa boca de Faith, antes de rozarla con los labios”.

Desde LecturAdictiva damos las gracias a Patricia A. Miller por la presentación.

14 comentarios:

  1. Gracias a vosotras por este espacio y por confiar en mí una vez más. ¡¡Un beso enorme, chicas!!

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  2. Ya es hora de que lea algo de esta autora. Me han hablado muy bien y creo que esta sería una buena opción para descubrirla.

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  3. Tiene pinta de ser una historia movidita :d me gusta!

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  4. Yo lei sólo 3 segundos y me encantó. Espero que me toque para poder disfrutarlo. Gracias por la reseña tiene buena pinta!!!

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  5. Tengo que reconocer que aún no he leído nada de esta autora, pero esta sería una novela estupenda para empezar.

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  6. No he leído nada de la autora pero este libro me llama mucho la atención. Además de que no paro de verlo en blogs, tiene un argumento muy interesante.

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  7. Que ganas de leer de nuevo a Patricia. Seguro q me encanta como todos los otros

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  8. Hola. No conocía a la autora. El infierno en tus ojos parece el libro ideal para descubrirla. Gracias por la presentación tanto del libro como de la autora. Besos.

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  9. ¡Hola!
    "Solo 3 segundos" me gustó mucho, este pinta muy bien con esa ambientación tan especial.
    Un beso

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  10. He leido prácticamente todo lo que ha escrito Patricia y tengo muchisimas ganas de leer este.

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  11. Pues no he leído nada de esta autora pero este libro puede ser un buen comienzo, tiene un argumento y una ambientación original.

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